DON
JUAN BAUTISTA FERNANDEZ DE SALINAS OVIEDO LA
CERDA PEREIRA, CABALLERO
DE LA ORDEN DE
CALATRAVA, GOBERNADOR DE LAS PROVINCIAS DE COSTA RICA Y NICARAGUA
Biografía resumida de un hidalgo manchego
El 29 de agosto de 1613, frey Juan de Calatayud, cura de la parroquial de la villa de Manzanares en campo de Calatrava, bautizaba con el nombre de Juan Bautista a un varón nacido unos días antes en el seno de una distinguida familia de la localidad. (1) Era hijo de don Juan Fernández Salinas (Valdeolivas) la Cerda y doña Leonor de Oviedo Pereira, ambos procedentes de hidalgas estirpes asentadas en Manzanares y Almagro. (2) Fueron los padrinos don Miguel Merino Sandoval Negrete y su esposa doña Quiteria de Morales.
Dada la discrecionalidad con que se podían utilizar los apellidos en aquel tiempo, usó como primero el de Salinas y como segundo el de la Cerda, procedente de su abuela paterna, por gozar de mayor prestigio dada su vinculación con el antiguo ducado de Medinaceli.
Partida de bautismo de Juan de Salinas
El niño pasó su infancia en la villa, pero a muy temprana edad se sintió atraído por la vida militar siguiendo la inveterada tradición familiar. Ello coincidió con la llamada guerra de los Treinta Años en la que España intervino militarmente frente a holandeses, franceses y protestantes alemanes.
A los 16 años, siendo todavía adolescente, se incorporó como soldado a uno de los tercios españoles que combatía en Flandes. Tras veintiocho meses de servicio consiguió el grado de alférez por méritos de guerra. (3)
Eran malos tiempos para la España de los Austrias, regida en este tiempo por el todopoderoso conde-duque de Olivares. El país mantenía frentes abiertos en Flandes, el Rosellón y el Piamonte italiano; debiendo atender al mismo tiempo las insurrecciones e intentos separatistas de Cataluña y Portugal. Consciente de las necesidades del ejército español, Juan Bautista aprovechó la ocasión para hacer méritos, sufragando con recursos familiares el reclutamiento de tropas. En 1631 regresó a España con licencia y se dedicó a organizar una compañía de infantería, pasando con ella al ducado de Milán donde participó en numerosos combates que le permitieron alcanzar el grado de capitán en diciembre de 1632.
De nuevo en España organizó, vistió y armó a otra compañía que, en 1638, embarcó en Cartagena hacia Milán. Con ella participó en todos los hechos de armas de la campaña de 1639, conocida como “La sorpresa de Turín”, combatiendo contra los franceses en Vercelli, Crescentino, Chivasso, Turín Chierri, Verrua, Villanova d´Asti, Trino y otras localidades del Piamonte, donde destacó por su arrojo y valor en combate.
Como reconocimiento a los muchos méritos y acciones sobresalientes del capitán Salinas, en mayo de 1640 el rey Felipe IV le concedía el título de Maestre de Campo de un Tercio de Infantería, grado equivalente a coronel. Al frente de su unidad partió desde Cartagena hacia el condado del Rosellón como refuerzo frente a la coalición de franceses y catalanes sublevados contra la monarquía hispánica. (4)
Rocroi, el último tercio. Oleo de Augusto Ferrer Dalmau. Año 2011
Cuando se produjo la sublevación de Portugal, Juan de Salinas fue destinado al Ejército de Extremadura bajo el mando del teniente general don Manuel de Acevedo Zúñiga, conde de Monterrey. Durante casi diez años permaneció en Badajoz realizando servicios de vigilancia de frontera, gobernando en distintos periodos las plazas de Villanueva del Fresno y Barcarrota, fortificando lugares estratégicos y organizando sus defensas con gran eficacia. También participó activamente en la batalla de Montijo, librada el 26 de mayo de 1644, demostrando una vez más su extraordinario temple al enfrentarse, pica en mano, a una de las cargas de la caballería enemiga.
Ese mismo año inició su expediente como aspirante a caballero de la Orden de Calatrava. Al objeto de cumplimentar los requisitos exigidos, obtuvo el correspondiente permiso para servir en las galeras reales durante seis meses. Embarcó en octubre de 1646 y permaneció en el mar hasta marzo de 1647. Superadas todas las pruebas de limpieza de sangre en sus antepasados y obtener el hábito calatravo retornó al ejército de Extremadura donde se le encargó la gobernación y defensa de la villa de Alburquerque y su término. (5)
En atención a su destacado comportamiento en campaña y a los extraordinarios servicios prestados a la corona, Felipe IV, por Real Cédula dada el 27 de abril de 1650, le nombró gobernador de la provincia de Costa Rica, perteneciente a la Capitanía General de Guatemala en el Virreinato de Nueva España. Tras cruzar el océano Atlántico, llegaba en diciembre a su destino. Tomó posesión del cargo en la ciudad de Cartago, primer asentamiento permanente que los descubridores establecieron en Costa Rica el año 1563. (6)
Felipe IV, pintado por Diego Velázquez. Año 1644. Frich Collectión. Nueva York.
Costa Rica, la antigua Veragua descubierta por Cristóbal Colón en su cuarto viaje, era todavía un territorio parcialmente explorado con amplias zonas no sometidas a la autoridad española.
La misión del nuevo gobernador consistía en aplicar la política dictada por el Consejo de Indias. Los malos tratos infligidos a los indígenas en los primeros años de descubrimiento y conquista se habían moderado gracias a las Leyes Nuevas promulgadas en 1542. Ahora se procuraba atraer con buenas formas a los nativos para que se sometieran a la obediencia del rey y trabajasen de forma controlada pagando los correspondientes impuestos. La colonización suponía cambios radicales en su forma de vida tradicional, entre otros la conversión forzada a la religión católica y el abandono de costumbres ancestrales tan arraigadas como la poligamia. La utilización de la fuerza estaba permitida para doblegar a los que ofrecieran resistencia armada o se negaran a pagar los tributos asignados.
Una de las primeras actuaciones de Juan de Salinas como gobernador consistió en dirigir personalmente los trabajos para cegar varias lenguas del río Suerre (actual Pacuare). Con ello logró aumentar el nivel de agua en la desembocadura principal, dando suficiente calado al puerto para permitir la entrada de buques. En 1651 pudo organizar y repoblar el puerto de Suerre con españoles e indios, edificando ocho ranchos y casa de aduana. Gracias a las disposiciones tomadas se pudo reactivar el comercio marítimo con las ciudades de Portobelo y Cartagena de Indias. Asimismo, se ocupó de abrir 26 leguas (150 Km) de caminos a través de la montaña y construir puentes que permitieran vadear los numerosos ríos de la zona, facilitando las comunicaciones en el territorio de su jurisdicción. (7)
La zona de la provincia controlada por los españoles era muy limitada y pobre. El territorio apenas generaba rentas, dado que la población autóctona sometida no llegaba al millar de almas a causa de las guerras y enfermedades transmitidas por los conquistadores. Tratando de incrementar el control sobre una población más amplia, en julio de 1651 don Juan solicitaba al rey licencia para organizar una expedición de conquista y reducción de los indómitos indios Talamanca, en el valle de Duy, autorización que en aquel momento fue denegada. (8) Sin embargo, en 1653 recibió de la Audiencia de Guatemala la orden de someter a los Talamanca que amenazaban la seguridad de los colonos, operación que acometió con un número reducido de fuerzas pagadas con su propio dinero. Penetró en territorio hostil y consiguió algunas reducciones, llegando a fundar un poblado al que denominó Puebla de los Ángeles. Finalmente tuvo que retirarse de la zona selvática ante la falta de suministros y el continuo hostigamiento de los nativos. (9)
Gracias a sus buenos oficios, don Juan consiguió atraer a 320 nativos que se encontraban refugiados en las montañas, congregándolos en un nuevo poblado llamado Boruca, fundado en 1654, donde creó a su costa una iglesia, un convento, casa del común, cabildo de justicia, venta y mesón de pasajeros. Para su administración nombró alcalde y regidores entre los indios más capaces, asignando un sacerdote que atendiera a su obligada cristianización. Boruca prosperó rápidamente al convertirse en una importante etapa para los comerciantes que transportaban mercancías por tierra desde Guatemala a Panamá. Las operaciones de concentración de población se repitieron con otros pueblos indígenas a los que Salinas trató con amable consideración. No tuvo tanto éxito con los indios Botos que se encontraban sublevados y huidos a los montes. (10)
En la ciudad de Cartago contrajo matrimonio con María de Vega Núñez-Temiño Vázquez de Coronado, una joven criolla veintiséis años más joven que él, cuyo abuelo, Diego Vázquez de Coronado y Rodríguez del Padrón, les traspasaría en 1660 su título heredado de Adelantado de Costa Rica. Tal distinción llevaba consigo el derecho a percibir de la corona una renta de 1.000 pesos anuales. La pareja no tuvo descendencia. (11)
Hacia 1655 creó junto a la ciudad de Cartago el barrio conocido como Puebla de los Pardos (llamado más tarde barrio de Los Ángeles) con objeto de ubicar a las personas de color -negros y mulatos- que se importaban desde África para atender las plantaciones y explotaciones mineras dada la escasez de indios. Esta población, que hasta entonces merodeaba en condiciones infrahumanas por las cercanías de la ciudad, era empleada en el cuidado de las haciendas, en servicios urbanos y domésticos, así como en la construcción de viviendas. Con negros y mulatos libres constituyó don Juan las primeras milicias pardas, bajo el mando del capitán Diego de Zúñiga, destinadas a reforzar las defensas de la ciudad ante posibles ataques de los agresivos piratas ingleses, franceses y holandeses. (12)
Durante su gobierno atendió generosamente las necesidades de clérigos y predicadores, favoreciendo la construcción o rehabilitación de templos y conventos en Cartago y Esparza. La reedificación de la iglesia de San Francisco constituyó uno de sus principales empeños, participando personalmente en las obras y gastando en la fábrica y ornato gran cantidad de plata de su peculio particular. Participó también en la reedificación de las ermitas de San Nicolás y Nuestra Señora de los Ángeles. Esta última se había levantado en la Puebla de los Pardos y en ella se veneraba la pequeña imagen pétrea de la Virgen María, encontrada en el bosque veinte años atrás por una nativa mientras recogía leña.
Posiblemente para dar ejemplo y animar a otros colonos a instalarse en la zona, en julio de 1657 adquirió un pequeño cacaotal en la localidad de Matina que explotó en régimen de arrendamiento. (13)
Finalizado su segundo quinquenio de mandato como gobernador, fue sustituido por don Andrés Arias Maldonado Velasco. Cuando éste falleció fortuitamente en noviembre de 1661 las gentes de Cartago rogaron al capitán general de Guatemala que volviera a nombrar gobernador a don Juan de Salinas por la experiencia que tenían de su buena administración y defensa del territorio; no obstante, se designó como gobernador interino a don Rodrigo Arias, hijo de don Andrés.
En el juicio de residencia abierto por el Consejo de Indias al terminar la gobernación de Costa Rica, se ponderaba la valía del personaje en razón de haber servido a S.M. con todo afecto y desvelo, así en procurar el aumento de su real haber, como en la administración de su Real justicia, buen procedimiento y defensa de la Real jurisdicción de los puestos de aquella provincia, teniendo para ello las prevenciones necesarias de armas, municiones y gente alistada y disciplinada. Atendiendo al bien común y obras públicas y a la visita de los demás pueblos de los naturales de la provincia, de su educación y enseñanza, bien, amparo y conservación, reedificando templos, conventos y otras obras de dichos pueblos, asistiendo a ello con su misma persona, en que había gastado mucha parte de su hacienda…(14)
En la madrugada del 30 de junio de 1665 una horda de piratas con base en Jamaica, mandada por el francés Jean David Nau, remontó el río San Juan, atravesó el lago Cocibolca y, al frente de ochenta bucaneros, asaltó por sorpresa la próspera ciudad de Granada. (15) Durante unas horas sembraron el caos saqueando conventos, iglesias y casas de gente principal. Los atacantes consiguieron reunir un botín valorado en 400.000 reales, entre monedas, joyas y piezas de oro y plata. En su huida llevaron consigo algunos rehenes para cuyo rescate las autoridades de la ciudad tuvieron que abastecer a sus atacantes de víveres y cabezas de ganado que les permitieran cubrir sus necesidades durante el regreso a Jamaica. Los granadinos quedaron aterrorizados al comprobar la imprevisión e incapacidad de las autoridades para hacer frente al ataque, máxime cuando los corsarios prometieron volver con mayor contingente de hombres. Las quejas de los vecinos llegaron hasta el virrey, amenazando con abandonar la población si no se garantizaba su seguridad. (16)
El despiadado pirata francés Jean David Nau, más conocido como Francois L´Olonnais
La consternación que produjo el saqueo de Granada supuso el cese inmediato de don Diego de Castro, gobernador de la provincia de Nicaragua, y la del Maestre de Campo don Pedro Ocón y Trillo, responsable militar de la defensa de la ciudad. El capitán general y presidente de la Audiencia de Guatemala, Carlos Martín de Mencos y Arbizú, conociendo la destacada actuación militar que don Juan de Salinas había tenido años atrás en Costa Rica, le nombró gobernador civil y militar interino de Nicaragua, confiándole una doble misión; por un lado, debía llevar a cabo una exhaustiva investigación sobre las posibles negligencias cometidas por su antecesor; por otro, procurar lo más conveniente para garantizar la seguridad de la provincia.
El general Mencos pidió a Salinas su experta opinión sobre las medidas a tomar para contrarrestar el ataque masivo de piratas que se esperaba de forma inminente sobre Granada. Tras recorrer el rio San Juan en compañía de experimentados pilotos y albañiles, el Maestre de Campo decidió levantar una torre artillada en uno de los brazos que formaban la desembocadura del río en el mar Caribe y una atalaya de vigilancia en otro, controlando así el punto de paso obligado para los invasores.
A pesar de la urgente necesidad de acometer las fortificaciones, cuyo coste a juicio de los expertos ascendía a 12.000 pesos, la Junta Provincial de Hacienda no se reunió hasta el 13 de octubre. En ella se aprobó la realización de las obras, si bien surgieron fuertes discrepancias sobre la forma de financiar el gasto. Las órdenes del virrey eran no dedicar fondos de la hacienda real para obras de defensa preventiva. En consecuencia, se plantearon varias opciones; establecimiento de nuevos impuestos, para cuya recaudación se requería un tiempo del que no se disponía, o repartir los costes entre los miembros más acaudalados de Granada, a lo que éstos se negaban alegando que las obras proyectadas beneficiaban a varias provincias y era preciso repartir las cargas. Enfrentándose a los burócratas de la Junta, el general Mencos consiguió que se asignara a Salinas una cantidad inicial de 3.000 pesos, con idea de ampliarlos hasta 8.000 en breve plazo. Siempre con el compromiso de reponerlos a las arcas del tesoro cuando se aplicaran los nuevos tributos al comercio.
El día 25 de noviembre de ese mismo año don Juan abandonaba la interinidad y era nombrado oficialmente gobernador de Nicaragua. Los meses siguientes los empleó en planificar las obras, reclutar personal, contratar el transporte y adquirir las herramientas víveres y pertrechos necesarios. A punto estaba de iniciar los trabajos en la desembocadura del río cuando, por carta fechada el 20 de abril de 1666, su sucesor en el gobierno de Costa Rica, don Juan López de la Flor, le comunicaba que un fuerte contingente enemigo había desembarcado y ocupado el valle de Matina, adentrándose en el territorio hasta llegar a la localidad de Turrialba. Tales noticias obligaron a don Juan a modificar radicalmente su estrategia, ya que los piratas podían penetrar en Nicaragua a través del navegable río Pocosol y situarse a la retaguardia de los puntos fortificados en la costa, lo que supondría dejar la ciudad de Granada expuesta nuevamente a la rapiña. (17)
El gobernador reaccionó de inmediato, abandonó el proyecto inicial y procedió a construir una fortificación frente a la confluencia del río Pocosol con el San Juan. La tarea era verdaderamente difícil de abordar. Al inicio de las obras apenas contaba con 700 pesos sacados de la caja provincial. Bajo su mando tenía unos cuatrocientos hombres, entre indios, blancos, negros y mulatos; una tropa heterogénea y desmotivada sobre la que tuvo que imponer una férrea disciplina, pues solo así podía exigir el máximo esfuerzo a unos hombres mal alimentados que nunca cobraron sus pagas con regularidad. Bajo su firme dirección, dando en todo momento ejemplo de abnegación y sacrificio, se construyó un baluarte en la ribera izquierda del río, al que puso por nombre San Carlos de Austria en honor a Carlos II, nuevo rey de las Españas. Se trataba de un recinto casi cuadrado, de 84x87 metros, rodeado de empalizadas, en cuyo interior contaba con casa fuerte, plaza de armas, cuartel para alojar a un centenar de hombres, almacenes, polvorín y ermita. En él emplazaron hasta diez piezas de artillería de distintos calibres. Asimismo, en la ribera derecha, levantó una atalaya de vigilancia a la que llamó San Juan de Dios. (18)
El caudaloso río San Juan, navegable incluso por navíos de calado medio
La construcción se llevó a cabo en poco más de seis meses, un tiempo récord teniendo en cuenta las duras condiciones del clima tropical, en plena temporada de lluvias, y la necesidad de transportar en barco desde Granada la mayor parte de bastimentos. En la construcción no intervino ningún ingeniero militar y tuvo que hacerse utilizando los materiales existentes en la zona, principalmente tierra y madera, reservando la piedra y la cal para las zonas más sensibles como el polvorín o los almacenes. En dicho enclave quedó acantonada una pequeña guarnición de treinta y siete hombres, bajo el mando del sargento mayor Gonzalo Noguera Rebolledo, quien se hizo cargo de la defensa a mediados de noviembre del año 1666. (19)
Durante los meses que don Juan estuvo alejado de Granada dedicado a la construcción del fuerte, el presidente de la Audiencia de Guatemala estimó oportuno designar como gobernador en funciones para asuntos administrativos a don Francisco de Valdés, corregidor del pueblo de Sutiaba (barrio de la actual ciudad de León). El tal Valdés, deseando hacerse con el cargo en propiedad, se dedicó a intrigar y desacreditar al gobernador titular enviando a Guatemala informes adversos sobre su actuación al frente de las obras del castillo.
El capitán general, conocedor de los esfuerzos y desvelos de Juan de Salinas, no prestó la menor atención a las denuncias de Valdés, pero advirtió al Maestre de Campo de la animadversión que existía contra ambos en altas instancias de la administración del virreinato. En una de sus cartas le exponía: (20)
Cuando Gonzalo Noguera se hizo cargo del fuerte, don Juan regresó a Granada y asumió de nuevo las responsabilidades del cargo como gobernador provincial. Su retorno coincidió con el cese del general Mencos a causa de sus constantes desacuerdos y enfrentamientos que había mantenido con los miembros de la Junta de Hacienda.
A finales de enero de 1669 tomó posesión de la capitanía general de Guatemala don Sebastián Álvarez Alonso Rosica de Caldas, a la sazón cuñado de Valdés, quien, haciéndose eco de las insidias lanzadas contra Salinas, presionó al fiscal para que abriese causa penal contra el mismo. Utilizando sus prerrogativas como presidente de la Audiencia nombró como juez instructor a un enemigo declarado de don Juan y le despojó del cargo de gobernador para dárselo a Valdés.
Salinas presentó recurso de apelación y recusó al juez impuesto por Álvarez Alonso. El nuevo juez instructor, don Benito Novoa Salgado devolvió la gobernación a Salinas hasta sustanciar la causa y comisionó a dos militares expertos, entre ellos al gobernador de la provincia de Comayagua (Honduras), para inspeccionar las obras del fuerte de San Carlos y emitir un informe sobre los trabajos allí realizados.
Álvarez Alonso montó en cólera al conocer las disposiciones del juez Novoa. En un incalificable acto de soberbia anuló sus decretos, encarceló al fiscal Pedro de Miranda y a don Juan de Salinas, al que embargó sus bienes, y asumió personalmente la tarea de inspeccionar la fortificación de San Carlos donde esperaba encontrar pruebas irrefutables que permitieran arruinar su prestigio y carrera militar. (21)
Fiscales y jueces denunciaron ante el rey la inquina mostrada por el presidente de la Audiencia contra Salinas, así como su comportamiento soberbio e injerencia maliciosa en el trabajo de sus subordinados para conseguir sus infames propósitos. Por otra parte, el traslado del capitán general desde Guatemala a San Carlos, acompañado de numeroso séquito, era completamente injustificable. Además de generar cuantiosos gastos suponía el abandono de sus altas responsabilidades para atender un asunto puntual que podía delegar en otros subordinados.
Durante el juicio celebrado en Guatemala se acusó arteramente a don Juan de haber desobedecido las órdenes del general Mencos al levantar la fortificación junto al nacimiento del río San Juan, en vez de edificar torres de cal y piedra en su desembocadura. Se le recriminaba la deficiente construcción del castillo a base de palos, ramas y tierra, así como de inferir malos tratos a sus subalternos y hacer un uso inapropiado de los fondos que recibió. Todo eran burdas mentiras, ya que el capitán general respaldaba todas las decisiones de don Juan y conocía las dificultades de todo tipo que tuvo que sortear. Era cierto que la construcción presentaba deficiencias a causa de la fragilidad de los materiales utilizados, pero se había hecho mucho más de lo exigible, teniendo en cuenta la escasez de recursos asignados.
Juan de Salinas presentó como pruebas a su favor todos los informes favorables y cartas cruzadas con el cesado capitán general. A lo largo del proceso se puso en evidencia la falta de solidez de los cargos, así como la honradez y buen hacer del enjuiciado. Don Juan de Gárate Francia, oidor (juez) de la Real Audiencia de Guatemala, en carta enviada al rey, afirmaba que los mesmos enemigos de el dicho don Juan confesaban que todo el tiempo que estuvo en el gobierno trabajó incesantemente por la defensa de aquella provincia, especialmente en la (fortaleza) que fabricó, tal cual sea, donde cuatro o cinco meses, dicen por público, no se desnudó ni de día ni de noche, siendo el primero que trabajaba, usando de todos los oficios concernientes a dicha fuerza por mecánicos que fuesen. (22)
Finalmente, la Audiencia de Guatemala absolvió a don Juan de Salinas y dio por libre y lo declaró por bueno, limpio y recto juez, considerándolo digno merecedor de que su Majestad le ocupe en semejantes y mayores cargos de su Real servicio. (23)
La fama de militar intrépido que precedía a Fernández Salinas hacía que se recurriera a él ante cualquier eventualidad. El 11 de julio de 1668 una flota de nueve barcos piratas al mando de Henry Morgan, con casi medio millar de hombres, consiguió tomar por sorpresa la codiciada ciudad de Portobelo cometiendo en ella terribles saqueos, torturas, violaciones y asesinatos. Al carecer de soldados para hacer frente a la invasión, el gobernador de Panamá, don Agustín de Bracamonte, pidió ayuda a don Juan de Salinas. Éste acudió tan pronto como le fue posible con los 400 hombres que pudo reunir, pero cuando llegaron los refuerzos los corsarios ya habían tomado las fortificaciones del puerto y no fue posible su reconquista con tan escasas fuerzas. Las tropas de Salinas se limitaron a cercar la ciudad, logrando evitar una mayor penetración del enemigo en el territorio y allí permanecieron hasta que los piratas accedieron a abandonar su presa tras el pago de 150.000 pesos. (24)
En el cargo de gobernador de Nicaragua se mantuvo don Juan hasta 1669, destacando siempre por su audacia y determinación en la defensa frente a los ataques filibusteros.
Apenas había transcurrido un año después de su cese, cuando una fuerza de 200 bucaneros, mandada por el capitán inglés Lauren Prins, logró tomar el fuerte de San Carlos atacándolo por la retaguardia con ayuda de indios locales conocedores del terreno. Tras un intenso combate, en el que murieron 16 piratas y otros 18 resultaron heridos, los defensores se vieron obligados a rendirse con la condición de que sus vidas fueran respetadas. Aunque no existen pruebas concluyentes, todo apunta a que el sargento Gonzalo Noguera fue asesinado como escarmiento al encabezar un intento de fuga. Los piratas debieron arrasar la fortificación de modo que no pudiera entorpecer sus correrías en el futuro; ello explicaría el hecho de que en la actualidad no queden restos visibles de la edificación.
Vencida la resistencia del San Carlos, la ciudad de Granada fue de nuevo asaltada y saqueada, tomando los corsarios a más de doscientas personas como rehenes. (25)
Ubicación del fuerte de San Carlos en las márgenes del río San Juan, cerca de la confluencia con el río Pocosol (San Carlos). Las flechas indican la dirección del ataque pirata que sufrió en 1670. Tomado del artículo Apuntes sobre el primer castillo de San Carlos en el río San Juan, publicado por Esteban Duque Estrada en la Revista de Temas Nicaragüenses nº 34.
Punto donde el río Pocosol desemboca en el San Juan. La fotografía está tirada desde el lugar que ocupó el castillo de San Carlos de Austria. Gentileza de Jogeny Reyes, funcionaria del INTUR y responsable de Turismo del río San Juan.
Finalizado su mandato como gobernador de Nicaragua con los máximos honores, don Juan de Salinas regresó a España. Antes de hacerlo dejó el cacaotal de su propiedad a beneficio de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Cartago, cuya primitiva iglesia había contribuido a edificar en el barrio de la Puebla de los Pardos. Desde entonces, el altar que acoge a “La Negrita” luce en los pedestales que soportan a los ángeles sendas mazorcas de cacao como agradecido recordatorio de aquella donación. (26)
Altar de Nuestra Señora de los Ángeles
En 1684 permanecía en España, siéndole concedida la explotación de una supuesta mina de oro, situada en cerro La Higuera, próximo a Aldea del Rey, y dos de plata en término del Viso del Marqués. No sabemos si llegó a iniciarse la explotación de aquellos filones ya que don Juan falleció al año siguiente. (29)
Hasta el momento se ignora el lugar y la fecha exacta de defunción de aquel insigne militar manzanareño quien, haciendo gala de hidalguía, puso la vida y la propia hacienda al servicio de su patria y de su rey.
El lugar donde estuvo el fuerte San Carlos hoy está ocupado por el centro cultural José Coronel Urtecho “La Fortaleza”. Gentileza de Jogeny Reyes.
NOTAS











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