LA CONSTITUCIÓN DE 1812 EN MANZANARES
El descontento generado entre el pueblo y la nobleza por las políticas de Manuel Godoy, la presencia de tropas francesas en territorio español y las intrigantes maniobras de los partidarios del príncipe de Asturias, desembocaron finalmente en las revueltas de marzo de 1808 en el Real Sitio de Aranjuez. Sobrepasado por los acontecimientos y tratando de apaciguar a sus irritados súbditos, el apocado rey Carlos IV abdicó en su hijo Fernando el día 19 del citado mes. Si la conspiración de octubre de 1807 en El Escorial había fracasado, este segundo intento de golpe de Estado tuvo el resultado que el príncipe anhelaba.
Un mes más tarde padre e hijo eran convocados por Napoleón para una reunión en Francia. Nada más traspasar la frontera, Fernando fue detenido en Bayona y obligado a devolver el trono a su padre, quien a su vez lo cedió a Bonaparte a cambio de una pensión vitalicia de treinta millones de reales y la donación del castillo de Compiégne. El resto de la familia real española estuvo confinada en el país galo hasta diciembre de 1813.
Mientras tanto, en España asumió el poder la llamada Junta Central Suprema Gobernadora del Reino que coordinaba la acción de las diferentes Juntas provinciales. Dicha institución fue sustituida por el Consejo de Regencia de España, instaurado por Real Decreto de 29 de enero de 1810 con la misión de asumir el poder ejecutivo en nombre de Fernando VII.
Las adversidades de la guerra forzaron a las autoridades españolas a establecerse en la isla de León (Cádiz); un reducto infranqueable para los ejércitos invasores donde el 24 de septiembre de 1810 se constituyeron la Cortes. En dicha plaza el Consejo de Regencia se reorganizó en enero de 1812 y modificó su reglamento. A partir de entonces pasó a llamarse Regencia del Reino, conocida popularmente como “el quintillo” por estar gobernada por cinco altas personalidades, tres representantes peninsulares y dos americanos. Como presidente nombraron a Joaquín de Mosquera-Figueroa y Arboleda Vergara, nacido en Popayán, virreinato de la Nueva Granada (actual Colombia). Los cuatro vocales eran Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo Salm-Salm (XII duque del Infantado), Enrique O´Donnell Anethan (conde de La Bisbal), Juan María de Villavicencio y de la Serna e Ignacio Rodríguez de Rivas Marentes.
Joaquín de Mosquera y Figueroa. Autor desconocido. Colección de la Universidad de Rosario. Bogotá.
En este contexto, una comisión liderada por el jurista Agustín de Argüelles Álvarez redactó el borrador de la primera Constitución española. En ella se recogía la soberanía nacional, la separación de poderes, el sufragio universal masculino y la libertad de imprenta, junto a la abolición de la Inquisición y el régimen feudal de los señoríos. La Carta Magna, aprobada por las Cortes y promulgada el 19 de marzo de 1812, suponía un avance en derechos y libertades como nunca habían conocido los españoles y que muchos, anclados en la tradición por ignorancia o interés, no supieron apreciar.
A fin de dar a conocer la nueva ley de leyes en todas las villas y ciudades no controladas por el enemigo, con fecha 2 de mayo de 1812, cuarto aniversario del levantamiento en Madrid, el presidente de las Cortes ordenó a la Regencia, que se imprimieran copias y se hicieran llegar a los diferentes juzgados y ayuntamientos de la nación, ordenando a las autoridades civiles, militares y eclesiásticas su difusión mediante lectura en púlpitos y plazas públicas, así como la organización del juramento a la misma por parte de todos los ciudadanos. Todo ello fue gestionado por el secretario (ministro) del Despacho de Gracia y Justicia, cargo que ejercía en ese momento Ignacio de la Pezuela Sánchez.
Manzanares estuvo en poder de los franceses hasta el 24 de junio de 1812, pero al quedar libre de enemigos también recibió una copia de la nueva Constitución, así como las instrucciones para dar a conocer su contenido al vecindario y preparar los actos de jura.
Según García-Noblejas, la proclamación tuvo lugar en agosto, siendo alcalde don Francisco Sánchez-Blanco López-Camacho. Aquel acto no tuvo mayor trascendencia, ya que el 12 de diciembre los franceses volvían a ocupar la villa manteniéndola bajo su control hasta en 12 de marzo de 1813.
La retirada francesa permitió que las Cortes y la Regencia volvieran a Madrid en diciembre pasando por Manzanares la caravana de carruajes que transportaba personal, bagajes y archivos. Comenzaron su actividad en la capital en enero de 1814.
Perdida la guerra, Napoleón decidió liberar a Fernando, reconociéndolo como rey de España en el Tratado de Valencay. El monarca, en compañía de su hermano Carlos y de su tío Antonio Pascual (comendador de Manzanares) entraron en España el 22 de marzo de 1814 por Gerona. Después de recorrer Zaragoza marcharon a Valencia. En la capital del Turia el rey lanzó el Manifiesto del 4 de mayo por el que denunciaba la labor de las Cortes por haber atentado contra los derechos del trono. Derechos que consideraba incompatibles con la monarquía constitucional. Por consiguiente, declaraba abolida la Constitución de 1812 y toda la obra de las Cortes de Cádiz.
A pesar de restaurar el absolutismo y las instituciones del Antiguo Régimen hizo su entrada triunfal en Madrid el 13 de mayo entre los vítores de las gentes hacia su deseado monarca. El servilismo de algunos les llevó a desenganchar los caballos de la carroza para tener el “honor” de tirar personalmente del vehículo que conducía al rey golpista. Otros gritaban desaforadamente “vivan las cadenas” despreciando el valor de la libertad y los derechos.
Fernando VII pintado por Francisco de Goya en 1914
El “Deseado” se reveló pronto como un soberano indeseable; como una persona sin escrúpulos, vengativa, mezquina y traicionera que imponía su voluntad al pueblo rodeado de una camarilla de fieles aduladores. Un individuo capaz de todo por detentar el poder absoluto sin tener que responder ante las Cortes ni ante nadie. Así pues, la Constitución de 1812 quedó en papel mojado, no pudiéndose aplicar mínimamente hasta 1820 y solo por un corto espacio de tres años.
A pesar de todos los avatares políticos del siglo XIX, la copia de la Constitución enviada a Manzanares, junto a las órdenes de la Regencia para su divulgación, se conservaron durante más de un siglo en el archivo municipal. Lamentablemente, a día de hoy el documento se encuentra semidestruido a causa de las pésimas condiciones de conservación en los sótanos del ayuntamiento. Únicamente he podido rescatar algunas hojas correspondientes a las instrucciones que se dictaron para su difusión que reproduzco a continuación como curiosidad histórica.







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