ARTÍCULOS HISTÓRICOS

6 de mayo de 2012

REFUGIADOS EN MANZANARES DURANTE LA GUERRA CIVIL DE 1936 (II)

Publicado en el número 358 correspondiente a julio de 2011

LOS ÚLTIMOS REFUGIADOS
El 15 de abril de 1938 las tropas rebeldes alcanzaron la costa mediterránea por Vinaroz, partiendo en dos el territorio bajo control gubernamental. Durante el mes de junio, el avance de los sublevados hacia Valencia produjo una nueva avalancha de refugiados desde la provincia de Castellón hacia el sur. Las autoridades republicanas avisaron al Comité de Manzanares de la inminente llegada de otro contingente de evacuados y hubo que arbitrar medios para atenderlos. Ante la falta de camas, el Comité solicitó al Ayuntamiento que pusiera a su disposición las gradas de madera de la Plaza de Toros, a fin de construir con ellas catres y banquillos para el descanso de los desplazados. (9) Nada más sabemos de aquel grupo de personas que debió llegar a Manzanares en los últimos días de junio de 1938.

DISPOSICIONES OFICIALES
Oficialmente, los Comités Provinciales y Locales para atender a los refugiados se crearon por orden de Presidencia del Gobierno de 26 de octubre de 1936. En ella se establecía la obligatoriedad de alojar a los emigrados de los frentes de lucha. Entre sus funciones estaban las de atender las necesidades de la población refugiada, inspeccionando comidas, albergues, condiciones higiénicas y sanitarias, instrucción de los niños, suministro de ropa, etc. La ayuda a los refugiados se debía fundamentalmente a razones humanitarias, pero además resultaba esencial para mantener entre los combatientes el espíritu de resistencia.
Para obtener fondos se autorizaba a los respectivos Comités a imponer cuotas económicas al vecindario en función de sus posibilidades. (10) Por su parte el gobierno de la República arbitró algunos recursos extraordinarios para atender a la población evacuada de las zonas de guerra. Dichos fondos, cuando llegaron a los pueblos, siempre resultaron insuficientes dada la magnitud de la tragedia humana provocada por la guerra.
Tras la creación del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, se disolvió el Comité Nacional de Refugiados. La responsabilidad de atender a los evacuados de las zonas de guerra recayó a partir de entonces en el Comité de Evacuación y Asistencia a Refugiados (CEAR) constituido en el seno del citado Ministerio. Seis días después de su constitución se le cambiaba el nombre por el de Oficina Central de Evacuación y Asistencia a Refugiados (OCEAR). (11)
La ministra Federica Montseny y sus colaboradores elaboraron numerosas disposiciones para regular la atención a las familias desplazadas de sus hogares a causa de la guerra. Por orden de 20 de febrero se recordaba la obligatoriedad de suministrar alojamiento y manutención en régimen familiar a los evacuados asignados a cada localidad. Para identificar a los refugiados se creó la Ficha de Evacuación y Refugio, un documento de identidad acreditativo del derecho a la protección, proporcionado por los Comités Locales, cuya posesión se declaraba obligatoria. Cualquier refugiado que llegase a un pueblo debía regularizar su situación en el plazo de ocho días. (12)
Miles de refugiados llenaban caminos y carreteras huyendo del horror de la guerra
A mediados de marzo de 1937 se reorganizaron los Comités Locales de Refugiados. A partir de entonces quedaron integrados por el alcalde, que ostentaba la presidencia; un delegado de cada Central Sindical; un médico de la Beneficencia; un miembro del Socorro Rojo Internacional; y un representante de los propios refugiados. (13)  Por primera vez se emitió una definición oficial de refugiado, considerando como tal a toda persona que ha tenido que mudar de residencia por razones de guerra, que no es desafecto al régimen, y que no tiene medios inmediatos de subsistencia, ni está acogido por otra de su familia o amistad. (14)
Otras disposiciones complementarias vinieron a regular los frecuentes e incontrolados cambios de pueblo que solían hacer los evacuados, dificultando las previsiones de atención y mantenimiento de los respectivos Comités Locales. A partir de abril los cambios de residencia debían obedecer a razones justificadas y estar aprobados por el Comité. (15)
Por decreto de 4 de enero de 1938 se disolvió la OCEAR, quedando integrados los servicios de evacuación y asistencia a desplazados en una Dirección General del Ministerio de Trabajo y Asistencia Social. (16)
A fin de normalizar su permanencia en los lugares de acogida, en sucesivas disposiciones se estableció la obligación para los refugiados de trabajar en las labores que se les ordenasen, siempre compatibles con sus condiciones y preferencias personales. En este sentido la Circular nº 2 del Instituto de Reforma Agraria recordaba a los Comités Agrícolas de la zona leal la necesidad de utilizar a los campesinos refugiados en cada localidad, suministrándoles tierras donde las hubiera sobrantes, o utilizando su fuerza de trabajo en colectividades, cooperativas o explotaciones individuales. (17) En estos casos debían entregar al Comité una parte de sus ingresos. Asimismo, debían colaborar en las tareas domésticas en las casas donde se les daba cobijo. (18)
Al objeto de contribuir al sostenimiento del personal civil evacuado, los cabezas de familia que estuvieran movilizados y, en general, todos aquellos que percibieran un mínimo de 10 pesetas diarias, quedaron obligados a destinar a sus familias evacuadas el 60 % de las percepciones. (19)

EL COMITÉ LOCAL DE MANZANARES
La avalancha de refugiados cogió desprevenidas a las autoridades manzanareñas quienes tuvieron que resolver sobre la marcha el problema de darles cobijo, así como proporcionarles alimentación, ropas y cobertura sanitaria.
La responsabilidad de atender a los recién llegados recayó en principio sobre una improvisada Comisión de Evacuación, dependiente del Frente Popular local. Este organismo encargó a Ramón Sánchez de la Serrana Caba la misión de atender a los refugiados. Por su condición de maestro albañil se le consideró la persona más adecuada para recorrer todas las casas y locales vacíos, asignando a cada uno un número de desplazados en función de su superficie y condiciones de habitabilidad. (20)

Sello utilizado por el Comité de Evacuación
La masiva llegada de refugiados al pueblo suscitó entre la población local reacciones muy diversas. En la mayoría de los manzanareños despertaron sinceros sentimientos de solidaridad y humanitarismo, pero se dieron también actitudes de rechazo y desconfianza. Hubo ciudadanos que acogieron espontáneamente en sus casas a alguna de las familias desplazadas; en otros casos hubo que imponer la autoridad del Comité.
El número de refugiados en Manzanares resulta de difícil cuantificación debido a las continuas idas y venidas de las gentes en función de intereses personales o familiares y a las propias vicisitudes de la guerra. Sabemos que en junio de 1937 eran 3.550 y que a finales de año ascendían a 4.063. Más tarde, en la información publicada en mayo de 1938 por la revista Defensa Nacional, se afirma que en algún momento se alcanzó la cifra de 8.771. (21) Aunque esta cantidad incluyera a los familiares de los militares destacados en la plaza, la carga que suponía tal número de desplazados no podía sostenerse de forma habitual y se tiene referencia de que varios contingentes fueron trasladados a Alcázar de San Juan.
Del estudio realizado sobre el padrón de refugiados, confeccionado a finales de 1937, se desprende que en Manzanares hubo refugiados de dieciséis provincias. De los 4.063 censados, el mayor número correspondió a los procedentes de la provincia de Córdoba, que sumaron 3.509 (86´27%), seguidos a distancia por los de Madrid con 422 (10´37%).

Fuente: Elaboración propia a partir de la Relación nominal de altas de evacuados desde el 1 de diciembre de 1936 al 30 de noviembre de 1937. Archivo Municipal de Manzanares.
Treinta y un pueblos de la provincia de Córdoba tuvieron refugiados en Manzanares, destacando los procedentes de Castro del Río (22´11%), Bujalance (17´32%), Villa del Río (13´05%) y Pedro Abad (8´37%).


En mayo de 1937, el Consejo Municipal de Manzanares recuperó la autoridad y competencias que desde el proceso revolucionario habían recaído en el Comité Local del Frente Popular. Por acuerdo unánime se creó la Consejería de Sanidad, Asistencia Social y Evacuación al objeto de coordinar la atención a los necesitados, entre ellos estaban incluidos los refugiados.  Como responsable de la misma se designó a Julián Caba Gallego, concejal por la FAI. (22)
En la sesión municipal celebrada el 17 de junio, Caba exponía la falta de recursos de su Consejería para atender al sostenimiento y ayuda de los evacuados e hijos de la población carentes de medios de subsistencia. Para remediar tal situación solicitaba le fuera cedido el impuesto que el Frente Popular tenía establecido sobre la venta de vinos, y se autorizase la imposición de otros nuevos sobre los artículos considerados de lujo. El debate sobre la financiación no llegó a cerrarse, ya que una semana más tarde, y a propuesta del Presidente del Consejo Municipal, se acordó crear un nuevo Comité Local de Refugiados, desligado de la Consejería de Sanidad y Asistencia Social, cumplimentando así el decreto del 1 de abril. (23)
Siguiendo las disposiciones ministeriales, el 29 de junio tuvo lugar en el Ayuntamiento de Manzanares una reunión de los representantes de las centrales sindicales, CNT y UGT, el doctor D. Francisco Alonso y un miembro del Comité Comarcal del Socorro Rojo Internacional, para constituir el nuevo Comité Local. (24) La sede del Comité quedó establecida en la casa nº 12 de la calle Toledo, incautada al doctor D. Matías Camacho Ruiz-Escribano.
El alcalde delegó la Presidencia del mismo en Matías Muñoz Gómez de Santiago, concejal por Unión Republicana, quien asumió las competencias hasta su movilización en junio de 1938. (25) Le sustituyó entonces José Caba Fernández-Pacheco, concejal por la misma organización política.

Matías Muñoz Gómez de Santiago. Concejal por UR. Presidente del Comité de Refugiados, por delegación del alcalde, desde el 29 de junio de 1937 al 23 de abril de 1938.
Los enormes gastos generados por la presencia de miles de refugiados fueron sufragados en principio por el Frente Popular mediante fuertes impuestos aplicados a las principales empresas locales y a una tasa aplicada a la venta de vinos. Más tarde, el Comité aprobó varios impuestos más que gravaban artículos considerados de lujo; entre ellos los trajes de precio superior a las cien pesetas, los tejidos de lana y estambre, y los salvoconductos. Otra importante fuente de ingresos eran las frecuentes sesiones de cinematógrafo que se daban en el Gran Teatro a beneficio de los refugiados. Con tales medios, en enero de 1938 había alcanzado el Comité la suficiente solvencia económica para asumir los gastos de medicinas y atención sanitaria de enfermos en el hospital, cubiertos hasta entonces por el Ayuntamiento. (26) A pesar de todo, los esfuerzos por equilibrar ingresos y gastos se veían sistemáticamente arruinados por la continua llegada de desplazados y familiares de militares establecidos en el pueblo, demandando refugio y cartilla de abastecimientos. Tal situación estuvo a punto de colapsar la capacidad asistencial del Comité. En marzo de 1938 el alcalde D. Eugenio Cobos, realizó gestiones ante la Dirección General de Evacuación y la Oficina de Evacuación de Alcázar al objeto de que no se enviasen más evacuados a esta población por la falta de capacidad y medios de la misma. Otra de las medidas acordadas fue no facilitar cartillas de abastecimiento a aquellos desplazados que no viniesen con carácter oficial y sólo a las familias de militares que tuviesen destino fijo en Manzanares. (27)
Aquellos refugiados que tenían alguna cualificación profesional, como médicos, maestros, oficinistas, artesanos, etc., se integraron rápidamente en el tejido productivo local. Muchas mujeres encontraron también trabajo en los talleres de confección, fábrica de harinas y otras industrias controladas por Intendencia.
Las continuas movilizaciones de jóvenes soldados derivaron en una grave carencia de mano de obra para realizar determinados trabajos en el sector agrícola y en la construcción. Dadas las circunstancias, la colaboración de los refugiados resultaba imprescindible y su presencia contribuyó en muchos casos a mantener la economía de guerra. Sin embargo, no todos estuvieron dispuestos a realizar tareas que implicaban una especial dureza. En repetidas ocasiones las autoridades locales solicitaron su ayuda para acelerar la construcción de refugios antiaéreos, sin que la llamada tuviese la respuesta esperada.
Las mayores tensiones tuvieron lugar durante la vendimia de 1937. Los evacuados se negaron a trabajar en la recogida de la uva y fue necesario amenazar con la retirada de la cartilla de abastecimiento a quienes se negaran a colaborar, declarándolos además saboteadores y enemigos de la revolución. (28)

EPÍLOGO
Durante el mes de mayo de 2006 viajé hasta las localidades de Bujalance y Pedro Abad. En la primera entrevisté a Manuel Blánquez Tejada, de 89 años; a María Corredor González, de 85; y a Rosario Ramírez Cuenca, de 92. En Pedro Abad hablé con Antonio Bustos Velasco, de 82 años, y con Milagros Ávila Andrade, de 70. Todos ellos estuvieron refugiados en Manzanares durante la guerra. Rosario Ramírez tuvo allí a sus dos hijas mellizas. Milagros Ávila, sobrina del doctor D. Manuel Andrade Borjano, nació también en Manzanares el 22 de diciembre de 1936.
A pesar de las dificultades y carencias derivadas de la guerra, todas estas personas tenían gratos recuerdos de su estancia en el pueblo que los acogió, y mantuvieron durante muchos años estrechos lazos de amistad con las familias con las que convivieron.


NOTAS
9.- Sesión del 18 de junio de 1938. Libro de Actas del Consejo Municipal. Página 40 v. A.M.M.
10.- Orden del 27 de octubre de 1936. Gaceta de Madrid. Página 514.
11.- Ordenes de 17 y 23 de febrero de 1937. Gaceta de Madrid de los días 18 y 26 de febrero.
12.- Orden de 26 de febrero de 1937. Gaceta de Madrid del día 1 de marzo. Página 1023.
13.- Orden del 11 de marzo de 1937. Gaceta de Madrid del día 13 de marzo. Página 1191.
14.- Decreto de 1 de abril de 1937. Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Gaceta de Madrid del día  2 de abril. Página 31.
15.- Orden del 23 de abril de 1937. Gaceta de Madrid del día 25 de abril. Página 391.
16.- Decreto de 4 de enero de 1938. Presidencia del Consejo de Ministros. Gaceta de Madrid del día 6 de enero.
17.- Circular nº 2 del IRA dirigida a los Comités Agrícolas Locales dando recomendaciones para incrementar la producción agraria. Documento suelto del Archivo Municipal de Manzanares fechado el 10 de noviembre de 1937.
18.- Orden de 23 de abril de 1937. Gaceta de Madrid del día 26 de abril. Página 398.
19.- Orden del 23 de abril de 1937. Gaceta de Madrid del día 26 de abril. Página 398.
20.- BERMÚDEZ GARCÍA-MORENO, Antonio. República y Guerra Civil. Manzanares (1931-1939). Biblioteca de Autores y Temas Manchegos. Diputación Provincial de Ciudad Real. 1992. Página 126.
21.- Inscripción 489 del 26 de julio de 1937 del Libro Registro de Entrada de Documentos. Padrón Municipal del Término Municipal de Manzanares. Relación nominal de altas de evacuados desde el 1 de diciembre de 1936 al 30 de noviembre de 1937. Archivo Municipal de Manzanares.  Y Revista DEFENSA NACIONAL correspondiente al mes de mayo de 1938. Página 17.
22.- Sesión del 6 de mayo de 1937. Libro de Actas del Consejo Municipal. Página 9v. A.M.M.
23.- Sesión del 24 de junio de 1937. Libro de Actas del Consejo Municipal. Página 61 v. A.M.M.
24.- Inscripciones 677 a 680 (bis) de 25 de junio de 1937. Libro Registro de Salida de Documentos. A.M.M.
En junio de 1938 se incorporó al Comité Local de Refugiados un representante del Comité de Solidaridad Internacional Antifascista (SIA).
25.- Inscripción 397 de 29 de junio de 1937. Libro Registro de Salidas de Documentos. 26.- Sesión del 23 de junio de 1938. Libro de Actas del Consejo Municipal, página 47. A.M.M.
27.- Sesión del 27 de enero de 1938. Libro de Actas del Consejo Municipal. Página 74 v. A.M.M.
28.- Sesión del 7 de octubre de 1937. Libro de Actas del Consejo Municipal. Página 19 y 19 v. A.M.M.




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