ARTÍCULOS HISTÓRICOS

17 de septiembre de 2018

EL ABAD DE MORIMOND SUPERIOR ESPIRITUAL DE LA ORDEN DE CALATRAVA


Dada la importancia estratégica de la ciudad-fortaleza de Calatrava (Kalaat Rawaah) como baluarte avanzado en territorio de frontera, el rey Alfonso VII había encargado a la Orden del Temple la misión de defenderla. Ante el extraordinario empuje islámico de los almohades y la falta de efectivos disponibles, los templarios decidieron devolver la fortaleza al rey Sancho III (sucesor de Alfonso VII) en 1150. El rey reunió entonces a los nobles ofreciendo Calatrava y sus dominios a quien se hiciera cargo de su defensa. El abad del monasterio cisterciense de Fítero, Raymond Serrat, de la Orden de Benedictinos Blancos del Cister, animado por el monje Diego Velázquez, que había sido previamente caballero, aceptó la propuesta del rey Sancho III.
Logró el abad Raimundo reunir un ejército improvisado de monjes, caballeros y gentes de la más diversa condición que ocuparon y guarnecieron  Calatrava, manteniendo en manos cristianas aquel emplazamiento vital para la defensa de Toledo.
El acto público de donación se realizó en la localidad soriana de Almazán en enero de 1158. En el documento firmado por el rey se hacía “donación perpetua a Dios, a su Madre bendita, a la santa Congregación del Cister, a vos Don Raimundo, abad de Santa María la Real de Fitero y a todos vuestros monjes, actuales o futuros, de la villa de Calatrava, para que la tengan y posean, libre y pacífica, por derecho hereditario, desde ahora y para siempre, y con la ayuda del monarca, la defiendan de los paganos enemigos de la Cruz del Salvador”.

Raimundo de Fitero acepta la oferta del rey Sancho III para hacerse cargo de Calatrava. Oleo de Manuel López de Ayala, pintado en 1890. Sala Capitular del Convento de Calatravas de Madrid.
Al fallecer el abad Raimundo, la milicia Calatrava eligió como sucesor  a don García, afirmándose el Maestrazgo como jerarquía máxima de la Orden. Ello suscitó fuertes desavenencias entre los religiosos clérigos y los freires milites, de modo que se hizo necesaria una mejor regulación del funcionamiento interno, siendo necesario adaptar a las circunstancias bélicas la regla de San Benito.
Don García acudió al Capítulo General del Cister seis años después para pedir la incorporación de la Orden de Calatrava a la familia cisterciense. Por unanimidad los abades aceptaron acoger a los monjes-soldado pero únicamente como asociados, dándoles una regla compatible con su actividad militar. El refrendo oficial tendría lugar  por  bula papal de Alejandro III el  25 de septiembre de 1164.
Don García recibió del Císter la primera regla completada con ciertas puntualizaciones dictadas por el propio pontífice, entre ellas la de guardar silencio en el dormitorio, en el refectorio (comedor) y en el oratorio, además de imponerles los tres votos religiosos de obediencia, castidad y pobreza. En cuanto a su indumentaria  les autorizaba a usar lienzo (lino) sólo en la ropa interior, debiendo usar túnicas idóneas para montar a caballo, escapulario y capas forradas con cuero, todo ello en estameña de color y grosor similares al de los monjes. Por otra parte debían dormir vestidos y ceñidos, siempre dispuestos para el combate.
La Orden de Calatrava no estaba sometida ni a la jurisdicción real ni a la del clero secular, por lo que a veces se relajaba la disciplina espiritual de la milicia. Ello impulso al cuarto maestre, D. Nuño Pérez de Quiñones a insistir ante el Capítulo General del Cister celebrado en 1182, solicitando que la Orden de Calatrava fuera considerada como una rama verdadera del árbol cisterciense y estuviera supervisada por la casa matriz que se determinara.
Estudiado el asunto por los abades, se aceptó que los caballeros calatravos pasaran de ser familiares a verdaderos hermanos. La vigilancia del puntual cumplimiento de la regla y la disciplina espiritual de los freires se asignó al monasterio de Morimond, una abadía cisterciense fundada en 1115, situada en Parnoy-en-Bassigny, en el departamento de Alto Marne de Francia. (1) El papa Gregorio VIII confirmó esta crucial decisión por bula dada en Ferrara el 4 de noviembre de 1187. A partir de entonces se establecieron nuevas disposiciones y todos los miembros de la milicia quedaron sujetos a la vida conventual regular.
El abad de Morimond asumió la obligación de viajar hasta el convento de Calatrava una vez al año para comprobar personalmente  el buen funcionamiento de la Orden y establecer las definiciones o normas de obligado cumplimiento que regularían la vida monástica y la extra monástica cuando los freires estaban en campaña.
En los Capítulos Generales, instrumento básico de comunicación entre maestre, religiosos y caballeros, se matizaba la observancia de la regla y se tomaban los principales acuerdos de actuación.
Se reservaba el abad para sí, la confirmación del Maestre elegido por los guerreros calatravos y el nombramiento de una de las principales dignidades: el prior, que, como delegado suyo, vigilaba de cerca  el cumplimiento de las definiciones dictadas hasta la siguiente visita. Otra de las competencias del prior era la elección de los religiosos que se ocupaban de la cura de almas en las respectivas parroquias de cada encomienda. (2)
Durante las sucesivas visitas del abad de Morimond se establecieron pautas concretas para la provisión del convento por parte del clavero, exigiendo la entrega de cuentas anualmente. Por su parte, el pitancero y enfermero debían justificar sus gastos cada cuatro meses para evitar cualquier irregularidad.
Asimismo se estipuló la forma y periodicidad de la recepción de sacramentos por parte de los caballeros, las licencias para salir del convento, las exigencias en la recepción de novicios y los correctivos a aplicar con los negligentes. (3)
Una de las reglas dictadas se refería a la indumentaria de frailes y freires, tanto la conventual como la usada en campaña, prohibiendo expresamente tejidos lujosos o de color.
Otra disposición de suma importancia fue la  creación de la Mesa Maestral, para la que se reservó la mitad de las riquezas de la Orden, y la constitución de diferentes Encomiendas en los territorios controlados que eran  asignadas por el maestre a caballeros de su confianza en base a sus méritos. De igual forma, quedó regulada la forma de elegir las dignidades de la Orden: maestre, comendador mayor y clavero tras la convocatoria de Capitulo General.
Con los bienes asignados a la Mesa Maestral se atendía al mantenimiento y necesidades del sacro convento y se proporcionaba a los religiosos mílites sin encomienda, alimento, vestuario, cabalgadura y equipo militar.
El abad de Morimond supervisaba la actuación del sacristán mayor en cuanto a la conservación de las valiosas reliquias custodiadas en el sacro convento y los demás ornamentos sagrados y de culto.
Para preservar los bienes e intereses de la Orden se ordenó la realización de visitas periódicas a las distintas encomiendas y la formación de inventarios en cada una de ellas que debían revisarse en cada cambio de comendador.
Los visitadores debían ser dos y tenían que elaborar un informe de la visita con las observaciones y medidas a tomar en cada encomienda para el mantenimiento de sus edificios; especialmente el castillo, la parroquia, los molinos, hornos, almacenes y demás bienes inmuebles.
El abad dio normas tajantes sobre la enajenación de bienes de la Orden y se dispuso la absoluta prohibición de los freiles de hacer testamento y de solicitar al Papa la concesión de cargos o encomiendas a espaldas del maestre.
Aunque los caballeros calatravos no podían legar bienes por testamento. se les concedió la posibilidad de favorecer a sus criados y miembros de su lanza con la mitad del importe que hubieran conseguido en el amejoramiento de la encomienda que tenían a su cargo.
Otra función determinante del abad de Morimond era el arbitraje en los frecuentes casos de cisma provocados por abusos de poder del maestre o por el nombramiento ilegítimo de maestres derivados de la intromisión, cada vez más frecuente, de los reyes en los asuntos internos de la Orden.
Todas estas normas, que garantizaron en los primeros tiempos el orden interno y la disciplina de  los monjes-soldado,  fueron relajándose durante el proceso de aristocratización iniciado tímidamente en el siglo XIII que culminaría con la incorporación perpetua de los maestrazgos a la corona.
Hasta el siglo XV la mayoría de los abades de Marimond visitaron el Sacro Convento de Calatrava, si bien en algunas ocasiones delegaron en otros abades cistercienses. En agradecimiento por los eminentes servicios prestados a España por el monasterio de Morimond, el rey Enrique IV de Castilla otorgó al abad Humbert de Losne y a sus sucesores la dignidad de Grandes de España con carácter perpetuo.


Cruz de Calatrava tallada en el exterior del ábside del templo parroquial de Nuestra Señora de Altagracia en 1608 tras las obras de ampliación del edificio
NOTAS
1.-  Morimond era una de las cuatro primeras abadías fundadas a partir de la de Citeaux, junto a las de La Fertè, Pontigny y Clairvaux. Todas ellas jugaron un papel de primordial importancia en la organización de la orden del Císter. El nombre Morimond significa “morir al mundo” y expresa el ideal de renuncia al mundo material de los monjes cistercienses.
2.- Los freires calatravos no siempre aceptaron de buen grado confesarse con los religiosos franceses, prior y subprior, con quienes incluso resultaba difícil entenderse por la diferencia de idioma. El propio rey Fernando III se quejó ante el Papa del nombramiento de religiosos ajenos a la comunidad, vida y costumbres de los freires ya que generaba disensiones y conflictos que afectaban a la moral de la milicia, pero el Sumo Pontífice  pidió al rey que no se inmiscuyera en ese asunto y respetara el derecho de Morimond a intervenir en el convento calatravo.
 3.-En un principio todos los freires debían desplazarse hasta el Sacro Convento periódicamente para recibir los sacramentos de la confesión y comunión. En 1397 se autorizó la creación de varios prioratos dependientes del principal para que los comendadores y compañones que residían lejos del Sacro Convento pudieran atender sus obligaciones religiosas con mayor facilidad. Éstos fueron Santa María de Zuqueca, Santa María de los Mártires, Santa María de los Mochuelos y Santa María de Ureña.

BIBLIOGRAFÍA
GUTTON, Francis. La Orden de Calatrava
POSTIGO CASTELLANOS Elena: Santiago, Calatrava y Alcántara. Universidad Autónoma de Madrid. Seminario Internacional para el estudio de las Órdenes Militares. 2002 
O´CALLAGHAN, Joseph F.: Las definiciones de la Orden de Calatrava 1383-1418. En la España Medieval nº 19, páginas 99-124. Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid.
RODRÍGUEZ-PICAVEA MATILLA, Enrique: El proceso de aristocratización de la Orden de Calatrava (Siglos XIII-XV). Hispania Sacra LIX, 120 julio-diciembre 2007.
AYALA MARTÍNEZ, Carlos: Las Órdenes Militares hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV). Marcial Pons Historia.

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