ARTÍCULOS HISTÓRICOS

1 de mayo de 2014

UNA BODA DE POSTÍN


El día 30 de mayo de 1864 tuvo lugar en nuestro pueblo un destacado acontecimiento social: una boda entre aristócratas. Nuestros antepasados debieron quedar impresionados ante un evento tan inusual. La expectación popular fue creciendo a medida que iban llegando los numerosos invitados, unos por ferrocarril, otros en impresionantes coches de caballos. El ajetreo en la villa era extraordinario. El pueblo se llenó de forasteros. Personas de piel clara, finos ademanes y elegantes vestidos lo invadían todo. Ante la falta de infraestructuras hoteleras, la alta burguesía local tuvo que movilizarse para acoger en sus mansiones a los familiares del novio, amigos y demás personajes ilustres que acudieron al enlace. La mayoría de aquellos cortesanos vinieron acompañados por una pléyade de sirvientes, lacayos, ayudantes y secretarios que abarrotaron cuantas posadas y mesones había en la localidad.
El día de la boda Manzanares apareció radiante. La intensa luz solar se reflejaba en las fachadas enjalbegadas de las casas hiriendo levemente los ojos de los espectadores. Las encopetadas señoras aparecían perfectamente ataviadas con sus flamantes vestidos de estrecho talle y faldas ampulosas. Todas ellas lucían preciosas joyas y camafeos e iban tocadas con pamelas y sombrillas multicolores para protegerse del incipiente calor primaveral. Los peripuestos caballeros, con sus barbas y perillas recién arregladas, hacían alarde de sus elegantes fracs, sus relucientes botines de charol y sus altos sombreros de copa. Algunos mostraban sobre las pecheras múltiples condecoraciones; otros ostentaban ricas botonaduras de plata, y del bolsillo de los chalecos caían delicadas cadenas doradas que permitían intuir el valioso reloj prendido en su extremo.
Desde las casas señoriales los principales invitados eran transportados hasta la plaza en coches abiertos tirados por briosos corceles. Una vez allí penetraron en el templo parroquial y ocuparon los lugares asignados por el protocolo.
El novio era el Excelentísimo Señor don Juan Antonio de Quiroga Capopardo, Caballero Gran Cruz de la Muy Noble, Real y Distinguida Orden de Carlos III y Gentilhombre de Cámara de Su Majestad. (1) Hijo de don Diego de Quiroga y de doña María de los Dolores Capopardo, había nacido en la villa de San Clemente (Cuenca) y tenía cuarenta y cinco años. Residía habitualmente en la corte de Aranjuez y estuvo casado anteriormente con doña Filomena Santos, de la que había quedado viudo dos años atrás.
La novia, Dª María del Rosario Prisca Enríquez de Salamanca y Sánchez-Blanco, era natural de Manzanares y sólo tenía veintiún años. Era hija de don Vicente Enríquez de Salamanca Giménez, abogado y terrateniente, natural de Ciudad Real, y de doña Antonia Sánchez-Blanco Jiménez-Frutoso, ya difunta. (2) D. Vicente y su familia eran miembros destacados de la burguesía manzanareña. Había intervenido en política resultando elegido como diputado por el distrito de Manzanares en las elecciones del 10 de mayo de 1851.
En virtud de real licencia que S. M. la reina concedió el día 3 del mismo mes, la solemne ceremonia fue oficiada por don José María Carramolino de Buenaposada, rector y cura propio de la parroquial de la villa, arcipreste del partido judicial, párroco castrense y examinador sinodal de la diócesis de Cartagena. Dada la distinguida naturaleza de los contrayentes se les dispensó de las tres canónicas moniciones. (3)
Fueron los padrinos del enlace SS. MM. la Reina Dª Isabel II y su  esposo D.  Francisco de Asís Borbón. En su nombre enviaron al duque de Bailén, mayordomo mayor de SS.MM. y a la excelentísima señora  duquesa viuda de Alba, camarera mayor  de la reina. En representación de la novia intervino su hermana, María de los Dolores Enríquez de Salamanca, y el excelentísimo señor Isidro de Losa Cruz, Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Isabel la Católica, Comendador de Número de la Muy Noble, Real y Distinguida Orden de Carlos III.
Actuaron como testigos del enlace el licenciado don Juan Fernández-Caballero Jiménez, abogado de los tribunales y alcalde constitucional de la villa; don Miguel Villasante Góngora, juez de primera instancia; don Juan Bautista Alonso, promotor fiscal del juzgado; don Antonio González-Elipe Vázquez, diputado provincial por el partido judicial; don Manuel María Ochagauría, capellán de honor y predicador de SS.MM., y don José Jiménez Rodríguez, presbítero y abogado. (4)
Celebrada la boda, y para que el rango social de la familia de la novia no desdijese de la del novio, el 29 de marzo de 1867 Isabel II nombró al padre de María del Rosario Senador Vitalicio del reino, concediéndole el  título de Caballero Gran Cruz de Isabel la Católica. Como aquellas distinciones parecieran pocas, el 15 de junio de 1868, sólo tres meses antes de que la reina fuera destronada, don Vicente pasó a ser miembro de la nobleza al recibir el  título de Marqués de la Concepción.



NOTAS
1.- Todos estos títulos los había recibido gracias a la decisiva  influencia que su hermana Sor Patrocinio, la famosa “Monja de las llagas”, tenía sobre la reina Isabel II.
2.- D. Vicente era hijo de Ángel Enríquez de Salamanca, uno de los grandes terratenientes de Ciudad Real conocido como “El abuelo triguero”, y de María Antonia Jiménez de Contreras. Falleció el 20 de diciembre de 1869 y se enterró en el Cementerio Parroquial, en el nicho propiedad del Marqués de Salinas.
D. Vicente tuvo siete hijos: Francisco, Juan, Ángel, María del Rosario, María de los Dolores, Laura y Antonia.
Dolores se casó con el magistrado don Juan Fernández-Caballero Jiménez y tuvo dos  hijas: Francisca y Dolores. Ésta última se casó con don Blas Tello García y de ese matrimonio nació don Blas Tello Fernández-Caballero.
Antonia se casó con el abogado y rico propietario don Ramón Álvarez Lodares, fundador del Colegio de Maristas. No dejaron descendencia.
Ángel, casado con María Dánvila Gareli, siguió la carrera judicial y llegó a ser Magistrado del Tribunal Supremo en 1895. Tuvo once hijos.
Juan se casó con Carmen Sánchez Gutiérrez y tuvo cinco hijos.
Laura contrajo matrimonio con Isidoro Minués y tuvo dos hijos: José y Francisco.
Francisco heredó el título nobiliario de su padre. Casó con Elena Ceballos con la que tuvo tres hijos: Jerónimo, Antonio y Elena.
3.- No era precisamente el matrimonio real un ejemplo a seguir. Los reyes estaban juntos por mera conveniencia política, y era sabido que la reina tenía numerosos amantes, entre ellos el capitán Puig Moltó, verdadero padre de Alfonso XII. En cuanto a Don Francisco de Asís era conocida su condición de homosexual y mantenía relaciones con varios favoritos.
4.- Libro de desposorios nº 17. Páginas 209 v, 210 y 210 v. Archivo Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

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