ARTÍCULOS HISTÓRICOS

16 de abril de 2012

AGUAS DE SILES



Publicado en el número 142, correspondiente a septiembre-octubre de 1989

De todos es sabido que la vida no es posible sin el agua, por ello los primeros núcleos de civilización florecieron siempre en las proximidades de ríos, pozos o manantiales naturales que permitieran saciar las necesidades de perso­nas y ganados.
Manzanares no fue una excepción, y aunque nació al amparo del castillo edificado por la Orden de Calatrava para afianzar sus fronteras tras el deslinde de los territorios ocupados a los musulmanes, la villa se desarrolló gracias a la abundancia de agua, garantizada en principio por la pre­sencia del río Azuer y de los antiquísimos pozos existentes en la Plaza de la Constitución, usados en su día para satis­facer el consumo humano e inundar los abrevaderos.
Ya en el año 1579, los alcaldes, regidores y vecinos prin­cipales, reunidos para responder al cuestionario ordenado por Felipe II, manifestaban al contestar la vigesimotercera pregunta: Que la villa y sus términos es abun­dante de aguas dulces de pozos en todas las casas y sola­mente hay una fuente que siempre corre en la dicha sierra de Siles.
La riqueza del término municipal en aguas subte­rráneas obedece a las filtraciones del río Guadiana que ali­mentan los acuíferos próximos, suministrando un agua de aceptable calidad, a poca profundidad, que los lugareños extraían perforando innumerables pozos y norias para re­gadío.
Tres siglos después de la elaboración de las Rela­ciones Topográficas de Felipe II, D. Pascual Madoz al ela­borar su Diccionario Geográfico de las Tierras de Espa­ña, explica al referirse a nuestro pueblo: En todo el partido no se encuentra más fuente que la de Síles, agua exquisita, que se lleva a Manzanares en cubas para las personas aco­modadas, surtiéndose en lo general de pozos más o menos abundantes, citándose como mejores el pozo de Máximo, el de la quintería de Coca y algunos otros en varios sitios del partido.
La diferente calidad de las aguas de pozo dependía de la naturaleza del terreno que atravesaba el venero, caracte­rizándose en general por un elevado contenido en sales cálcicas y magnésicas que las hacía duras y poco reco­mendables, razón por la que el agua de Síles, más fina por su menor contenido en sales, fue tradicionalmente muy apreciada por el vecindario, aunque su transporte en carros-cuba hacía su coste prohibitivo para la gran mayoría de los habitantes. Por otra parte, el distanciamiento de la fuente y la población, garantizaba en cierto modo su salu­bridad frente a las aguas extraídas de los pozos del casco urbano, contaminadas a veces por filtraciones de aguas re­siduales y deyecciones animales, que durante siglos origi­naron enfermedades como el cólera y la disentería, cuyo origen microbiano no fue conocido hasta mediados del si­glo pasado.
La fuente de Siles se encuentra en la falda del cerro de la Magdalena, en una dehesa situada a 14 kilómetros al sur de Manzanares, y fue el propietario de la finca, D. Tomás Chacón-Salinas Castelli, el primero en conce­bir la idea de canalizar y conducir el agua hasta la villa para el abastecimiento de la población.


 Caño de la fuente de Siles

El año 1863 se efectuaron los primeros estudios y aforo del manantial, cuyo caudal resultó ser de 200 reales fonta­neros diarios (680.000 litros), cantidad que entonces se es­timaba más que suficiente para una población de unos 11.000 habitantes, suponiendo un consumo de 40 litros por persona y día. El resto del agua se utilizaría en los lavaderos públicos o para cualquier otra necesidad como industrias y extinción de incendios. (1)
El día 8 de junio de 1864, D. Tomás concertó con el Ayuntamiento y Junta de Asociados un contrato administrativo, refrendado más tarde por el Go­bernador Civil, en el que se estipulaban las condiciones del suministro y se fijaba el precio del cántaro en seis marave­díes.
Para facilitar los trámites de expropiación de los terrenos por donde había de pasar la canalización, se consiguió que las obras se declarasen de utilidad pública por la reina Isa­bel II, de conformidad con la Sección de Gobernación y Fomento del Consejo de Estado, según real orden del 14 de septiembre de 1865. Para el desarrollo del proyecto, con fecha 12 de julio de 1867 se constituyó una sociedad formada por D. Tomás Chacón-Salinas Castelli, D. Fernando Corra­les Peralta y D. Mariano Sáenz de Santa María. En la base segunda de la escritura, otorgada ante el notario de Madrid D. Jerónimo Montesinos, se especificaba que: Esta explo­tación tendrá por objeto surtir de aguas potables para con­sumo doméstico de los vecinos de la villa de Manzanares, y con las sobrantes, lavaderos y cualquiera otro uso que crean los dichos más conveniente a sus intereses, con la retribución que el Sr. Salinas tiene estipulada con el Ayun­tamiento. (2)
El Marqués de Salinas aportaba a la sociedad el manan­tial y dos fanegas de terreno para construir depósitos, ca­ñerías, casetas de guardas etc., mientras el coste del pro­yecto, materiales, tuberías, construcción del depósito receptor y lavaderos corrían a cargo de los otros dos socios, quienes se comprometían a finalizar los trabajos en el plazo de un año. De los beneficios obtenidos el Sr. Chacón-Sali­nas percibiría el veintinueve por ciento, quedando además exento durante diez años de cualquier gasto de manteni­miento de las instalaciones. 



Carro cuba para el reparto de agua a domicilio

Por razones que desconoce­mos el contrato administrativo concertado con el municipio no se cumplió en el plazo previsto y la primitiva sociedad se disolvió. La Corporación presionó al Sr. Chacón-Salinas para que cumpliese el compromiso adquirido con el pueblo y un año más tarde se formó una nueva sociedad integrada por el propietario del manantial y los señores D. Francisco Casalduero Conté y D. José Carrulla Torens, iniciándose rápidamente las obras bajo la dirección del arquitecto D. José Novaes.
El depósito para la recepción de las aguas se construyó a las afueras del pueblo, cerca de la glorieta de San Isidro, instalándose en sus inmediaciones un lavadero público.
A pesar de la enorme inestabilidad política de aquellos años en los que tuvo lugar el destronamiento de la reina y la formación del gobierno progresista presidido por el ge­neral Prim, las obras continuaron a buen ritmo y en 1871 se autorizó la construcción de dos puentes sobre el río, uno frente a la calle de la Cárcel, para el paso de carruajes, y otro aguas arriba, cerca de la carretera de Andalucía, para la entrada de peatones.
Por fin, a mediados de 1873 se concluyeron las obras y a partir de aquel momento los aguadores pudieron repartir el preciado líqui­do, satisfaciendo las necesidades de los manzanareños  durante casi medio siglo. (3)
Transcribimos a continuación el acta de inau­guración de las instalaciones, documento de gran interés que afortunadamente se conserva en el Archivo Municipal.

ACTA
En la villa do Manzanares a veintidós de mayo de mil ochocientos setenta y tres, día señalado pera la inauguración de las aguas según invitación de la empresa explotadora, reunido el Ayuntamiento en la sala capitular y hora de las tres de la tarde, se presentó dicha sociedad formada por los señores D Tomás Chacón-Salinas, D. José Carulla y Torens, comerciante, y D. Francisco Casalduero y Conté, abogado, vecinos los tres de Madrid y actuales empresarios; invitando a la Corporación y constituyéndose más tarde la comitiva por la incorporación de las individuos del Clero de esta Villa.
Una banda de música que entonaba en su marcha himnos patrióticos y aires nacionales abría el paso de le comitiva en su trayecto por la calle de la Cárcel, hasta situarse en los alrededores del Depósito de aguas entre una inmensa concurrencia que ocupaba todo el local. En el interior tenía lugar la bendición de las aguas por el Sr. Cura párroco, D. Hilario de Jesús Vázquez, acompañado del clero, empresarios y varios miembros de la comitiva. Constituida ésta posteriormente bajo la te­chumbre de los lavaderos y rodeada del entusiasta vecindario, elevose el ciudadano D. Francisco Casalduero sobre las pilas, haciendo uso de la palabra para congratularse por ver llegadas las aguas de Siles, que tanto ansiaba la Empresa y que tantos beneficios habría de reportar a la pobla­ción. Hizo también notar con grande elocuencia las inmemorables ventajas y utilidades de tan precio­sa agua para la salud, para la economía doméstica y pera el progreso material, cuya senda una vez empezada era el signo de la emancipación de un pueblo y el atractivo de sucesivas mejoras de importancia que preveía para la población.
Seguidamente ocupó la tribuna popular el Sr. Cura párroco abundando en las mismas ideas y contemplando con admiración el mágico resultado de las empresas por sociedad, y el gran mérito del capital que se destina a convertir en fértiles los terrenos estériles, saludables los que no lo eran, condenando a la vez el egoísmo brutal y augurando días de ventura y prosperidad para la patria y para su amado pueblo.
El Presidente Alcalde que le sustituyó en el uso de la palabra, empezó rogando al auditorio que le dispensara su falta de dotes oratorias que no le permitían continuar y que por esta causa daría lectura de su alocución el secretario, haciéndolo en esta forma: Ilustre Empresa de la conducción de las aguas y mis estimados Paisanos, el deber primero de esta Municipalidad que tiene el honor de dirigiros la palabra en tan augustos momentos en que acabáis de ver satisfecha nuestra imperio­sa y vehemente necesidad de aguas potables, que con asiduo interés reclamaba tan populosa villa, ha de ser el proponeros un voto unánime de gracias a la sociedad explotadora que, en medio de los diferentes obstáculos que la han servido de rémora en el transcurso de seis años, ha desplegado una fe y celo inquebrantables dignos del mayor aplauso. Fervientes votos acabo de hacer, y conmigo la digna corporación del Ayuntamiento y señores concurrentes, cuyo deseo no dudo interpretar, para que el patriotismo y heroicos esfuerzos de la empresa sean colmados con el premio o utilida­des que justamente ha merecido, a más de la orla gloriosa de la gratitud de un pueblo por tan inmenso y saludable beneficio.
Mi posición como representante de los sagrados e imprescriptibles derechos de este mi amado pueblo, que ha dado siempre muestras de corresponder a los que con afán se desvelen por su prosperidad, no me permite pasar adelante sin dejar consignado que esta nuestra calurosa felicitación, que este cumplido parabién que en nombre de todo el vecindario ofrecemos gustosos a la empresa abastecedora de las aguas, asistiendo en cuerpo el Ayuntamiento de mi cargo a su inaugu­ración, de ningún modo implica la sanción gubernativa por la completa terminación de las abras o el desistimiento de nuestra misión inspectora si al examinar las cláusulas de la concesión, halláse­mos no cumplidas todas las condiciones factibles, o bien omitidas algunas legales de importancia, cuya especificación o aclaramiento conviniera concretar, reservándome en su consecuencia las reclamaciones oportunas que dejen satisfecho el interés del vecindario y cubierta nuestra responsabilidad.
Ciudadanos, loor de los tres miembros de la empresa, directores y maestros que han conducido las aguas para calmante de nuestra sed y en beneficio de la salud pública, hagámosles ostensible nuestra gratitud por su invitación o convite y repetir conmigo entusiasmados: ¡Viva la Sociedad conductora de las aguas!¡Viva el Pueblo de Manzanares! , que fueron contestados con un ¡viva! general por toda la concurrencia.
Vuelta la comitiva del Depósito se dirigió a la Iglesia Parroquia en donde se cantó un solemne Tedeum en acción de gracias, y desde aquí a casa del empresario D. Tomás Chacón y Salinas en donde fue obsequiada con un espléndido banquete, brindando todos los concurrentes por la bondad de las aguas, por la generosidad de la Empresa, por la unión del Pueblo de Manzanares y por la salvación de la Patria. Con lo que se terminó la presente, que firmará el Ayuntamiento y señores mencionados en este acta, siendo testigos presenciales de todo, los señores D. Agatino Chacón-Salinas y Castelli, D. Félix Corrales Sánchez, D. Alfredo Corrales y Sánchez, D. Enrique Corrales y Sánchez, D. Carlos Corrales y Martínez, D. Juan Caballero y Serrano y D. Domingo Aracil y García, de todo lo que yo el Secretario del Ayuntamiento certifico.

NOTAS

1.- Memoria descriptiva del proyecto de conducción de aguas de Siles. Madrid, 1º de septiembre de 1863. A.M.M.
2.- Base primera de la escritura de Sociedad para explotar las aguas de la dehesa de Siles, otorgada ante D. Jerónimo Montesinos, notario de Madrid, el 12 de julio de 1867. A.M.M.
3.- El agua era repartida  a domicilio por los aguadores mediante carros-cuba tirados por un mulo. En cada vivienda existía una pequeña tinaja de barro destinada a almacenar el agua de beber; para otras necesidades se usaba la extraída de pozos, abiertos en casi todas las casas del pueblo.

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